Drama sin fin
Padre busca por años la canonización de su hija
Más de dos décadas por alcanzar su propósito. El Vaticano aún no lo escucha
Margarito Duarte, un colombiano de avanzada edad, busca en Roma hace más de 20 años la canonización de su hija, que tras haber estado enterrada durante once años, conserva su cuerpo intacto, como si aun estuviese viva.
El hecho se remonta a tres décadas atrás, cuando su hija murió de fiebre esencial a la edad de siete años. Tiempo después, la aldea en la que vivía, en el departamento de Tolima (Colombia), tuvo que trasladar su cementerio con motivo de la construcción de una represa.
La sorpresa de Duarte fue al ver que el cuerpo de su hija, enterrada hacía más de once años, se encontraba en un estado de conservación sorprendente. Esto lo motivó a buscar la ayuda de sus coterráneos para poder viajar hasta Roma y buscar en el Vaticano la canonización de su hija.
Desde ese entonces han transcurrido más de 20 años y Margarito no ha obtenido ninguna respuesta favorable a sus suplicas, a pesar de haber probado todos los métodos posibles para lograr su cometido.
Incansablemente, ha recorrido Roma con la maleta en la que transporta el cadáver de su hija con el único propósito de ser escuchado por alguna autoridad eclesiástica pero sus esfuerzos no han sido recompensados.
Logró hablar con el Papa Juan XXIII, pero al no haber podido mostrarle el cadáver, éste tan solo lo alentó felicitándolo por su perseverancia. En otra ocasión, recibió un recado del fugaz Papa Albino Luciani, pero la cita que contenía dicho recado nunca llegó a concretarse.
Son tantas las hazañas de éste sacrificado padre, y tantas las personas que han escuchado su historia, que hasta se ha pensado en llevar al cine la tragedia insufrible de éste hombre y el cadáver de su hija.
Así han transcurrido más de tres décadas y han fallecido ya tres Papas y Margarito Duarte aun no consigue, tan siquiera, ser escuchado. El drama de este hombre es indescriptible y su perseverancia, de admirar.
Tan solo queda esperar y ver si el Vaticano decide, no solo escuchar su suplica, sino también acreditarla como él espera.
Padre busca por años la canonización de su hija
Más de dos décadas por alcanzar su propósito. El Vaticano aún no lo escucha
Margarito Duarte, un colombiano de avanzada edad, busca en Roma hace más de 20 años la canonización de su hija, que tras haber estado enterrada durante once años, conserva su cuerpo intacto, como si aun estuviese viva.El hecho se remonta a tres décadas atrás, cuando su hija murió de fiebre esencial a la edad de siete años. Tiempo después, la aldea en la que vivía, en el departamento de Tolima (Colombia), tuvo que trasladar su cementerio con motivo de la construcción de una represa.
La sorpresa de Duarte fue al ver que el cuerpo de su hija, enterrada hacía más de once años, se encontraba en un estado de conservación sorprendente. Esto lo motivó a buscar la ayuda de sus coterráneos para poder viajar hasta Roma y buscar en el Vaticano la canonización de su hija.
Desde ese entonces han transcurrido más de 20 años y Margarito no ha obtenido ninguna respuesta favorable a sus suplicas, a pesar de haber probado todos los métodos posibles para lograr su cometido.
Incansablemente, ha recorrido Roma con la maleta en la que transporta el cadáver de su hija con el único propósito de ser escuchado por alguna autoridad eclesiástica pero sus esfuerzos no han sido recompensados.
Logró hablar con el Papa Juan XXIII, pero al no haber podido mostrarle el cadáver, éste tan solo lo alentó felicitándolo por su perseverancia. En otra ocasión, recibió un recado del fugaz Papa Albino Luciani, pero la cita que contenía dicho recado nunca llegó a concretarse.
Son tantas las hazañas de éste sacrificado padre, y tantas las personas que han escuchado su historia, que hasta se ha pensado en llevar al cine la tragedia insufrible de éste hombre y el cadáver de su hija.
Así han transcurrido más de tres décadas y han fallecido ya tres Papas y Margarito Duarte aun no consigue, tan siquiera, ser escuchado. El drama de este hombre es indescriptible y su perseverancia, de admirar.
Tan solo queda esperar y ver si el Vaticano decide, no solo escuchar su suplica, sino también acreditarla como él espera.
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